Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: fantasía

¿Un masajito? (+18)

Duro día de trabajo. Te estoy esperando preparándome para que te relajes. Quítate la ropa y échate sobre la camilla. Si quieres dejarte algo puesto, depende de ti. Vaya, ¿te lo quitas? Por mí, vale. Sabes que me gusta mirar y enriqueces mi faceta de voyeur.

Mis manos se embadurnan de crema tu espalda mientras te oigo respirar hondamente, parece que te gusta y eso me alegra. Tus músculos están tensos, pero poco a poco se van relajando. Lo último serán los riñones, donde se acumula todo el estress diario. Un pequeño masaje en los cachetes del culo siempre son de agradecer, todo el día sentada castiga este bonito y oscuro lugar. Termino con las piernas, de arriba a abajo, la crema hace que te refresque a ritmo de respiración aún más profunda. Para lo último he dejado los brazos, ya ni siquiera se te oye, te dejas llevar. Termino de quitarme la crema que tengo entre las manos untándotela a los lados de tu cuerpo, de las axilas hasta los pies, donde te doy un ligero masaje que agradeces con gemidos. Te prometo que no te haré cosquillas.

Estás demasiado relajada, disfrutando del momento. Si has sentido placer como si estuvieses en otro mundo, es un halago para mi. Lo que hagas después, es cosa tuya ;)

Otro día te lo haré boca arriba... ¿o lo quieres ahora?

Besos, Nani

Una manzana rozando lo prohibido

Hacía ya casi un año que no nos veíamos, y aunque sólo haya compartido contigo algunas horas, hemos hablado mucho, hemos ido de un sitio para allá, comido juntos... las cosas que hacíamos cuando vivíamos más cerca pero con el toque especial de que ahora los momentos se alargan en la espera.

Siempre que escribo por aquí he tratado de darle un toque literario con metáforas, comparaciones y todas esas técnicas que hacen los que saben escribir, pero hoy lo haré guiado por un pequeño exceso de Viagra que curiosamente no he tomado. Creo que lo segrego en el cerebro, debo patentarme. Quizás cuando termine de escribir sea necesario acudir a la soledad onanista que me provoca pensar en ti en algunas situaciones, quizás no, pero mi erección me dice que faltaron unas horitas más en este día de relax. Tranquila, no pienses mal que no voy por ahí. Que lo que piensa mi entrepierna viene directa del corazón y no hay preservativo mental de por medio.

Como sabes, soy ateo oficial, aunque me gusta leer las historias que cuentan en la Biblia, especialmente ésa del Jardín del Edén con Adán y Eva de protagonistas. En ella, Eva come una manzana guiada por una serpiente que es el diablo camuflado y gracias a ello son expulsados del Paraíso. "¿Dónde irían a parar dos personas sin ombligo?" me he preguntaba siempre. Tuvieron hasta hijos, entre ellos a Caín y Abel, así que no les fue tan mal. Existen muchas versiones de la historia, tantas como personas que la han leído, así que la mía es la siguiente: Eva, seducida por lo prohibido, gustaba de vivir al límite, jugando en la frontera entre lo legítimo y lo ilegítimo, entre la rutina y la improvisación. Creo que sé qué sintió ella cuando mordió la manzana. Con la adrenalina por las nubes, quería evitar llevar una vida repetitiva, erotizada por lo prohibido. A veces soñaba con la tentación de ir al árbol al que Dios le prohibió ir a contemplar las manzanas, verlas, tocarlas, olerlas, estar al límite de la frontera, o al límite del bien y del mal que cantaba "La Frontera" (valga la redundancia) parafraseando a Nietzsche. ¿Hizo bien, hizo mal? ¿Debió dejar la manzana en su sitio o sin embargo debió comérsela entera? A mi entender, lo más correcto hubiese sido dejar los dientes marcados, de la misma manera que se marca la línea de lo cotidiano y lo prohibido dando un toque picante a su vida ayudándola a fantasear. De esa manera tiene lo mejor de su vida y de la que a veces puede soñar una persona con algo en concreto.

Como se dice en este tipo de situaciones, "subidón de adrenalina".

Lo dicho, ha sido un placer haberte tenido un diíta cerca y recordar viejos tiempos. Comencé diciendo que iba a escribir algo picantón y me he puesto a hablar de la Biblia. ¿Me estaré haciendo viejo? Alguien debajo de mi ombligo me dice que no.

Un beso muy grande y sabes que te quiero mucho, no hace falta decirlo pero plasmado queda. También hay besos para l@s que lean esta actualización de nuestro discreto blog.

Nani.

PD: Saborear tu cuello se ha convertido en una debilidad para mí si ya de por sí lo era antes :)

Una fantasía higiénica

Mientras te escribo esto, estás en la ducha a ritmo de rock. Es complicado no imaginar cómo entro en el cuarto de baño y entre el vapor de agua veo un cuerpo desnudo. Antes de eso, miro por la rendija cómo te quitas la ropa poniéndome demasiado subido de tono al ver tus bragas bajar por tus bonitas piernas. Entras en la placa y el agua resbala por tu cuerpo. No puedo resistirme, voy entrando poco a poco mientras te miro. De pronto, abres lo ojos, me ves delante tuya mirándote e imaginando cosas que cerrarían este blog. Me guiñas el ojo y me invitas a enjabonarte la espalda. Ummm.... piel fresquita y oliendo bien. Es imposible quedarme sólo en la espalda, el momento incita a darte por todo el cuerpo, ya sin esponja, pasando a darte en la barriga, subiendo al pecho y bajando poco a poco hacia tu entrepierna: muslos, ingles... tu respiración se entrecorta... mis labios se acercan a tu cuello. Inteligentemente, das un poco de agua para mis manos, no sé por qué, pero me invitas a que toque un lugar algo más íntimo pero sin jabón, que escuece, no hace falta ni decirlo. Te pegas más a mi y la respiración profunda se convierten en gemidos... una mano se pierde de placer mientras la otra no deja de acariciar una pierna, la barriga, ésa que tanto me gusta, sólo falta que tus gemidos vayan a ritmo de tango para completar la fantasía. El gemido final es hacia dentro, placentero, intentando concentrar el momento en un sólo segundo. Ya no hay distancia entre mis labios y tu cuello desde hace un buen rato, y tus pezones con capaces de hacerme un corte mientras sigo acariciando todo tu cuerpo.

Quizás, después de esto, necesites otra ducha, pero ahora en compañía.

Besos para tod@s,
Nani.

Un desahogo posterior (+18)

Si hay algún menor de edad en la sala, qué mejor hora que acostarse ;) vamos a contar una anécdota de mayores.

Nota: Mi compi de blog tiene problemas con el ordenador, así que aprovecho y cuento cosillas de tirón mientras tanto.

En el anterior artículo hice un pequeño balance de aquel día que pasamos juntos, en el que fuimos a comer y me dejaste en el autobus, donde tuvimos una bonita velada como si de una pareja normal se tratase. Cerveza por aquí, montadito por allá,... ummmm calificaría el día de "sabroso".

Después de dejarme en el bus, con bonita despedida incluida, fui dándole vueltas al coco, quizás quedándome algo pillado en la hora y media de viaje mirando por la ventana mientras pensaba en "eso" que me había pasado contigo; estas cosas tan de repente hace que uno piense en ello cuando una chispa se enciende tan de golpe y tan potente. No fue una "simple anécdota graciosa", tú y yo lo sabemos. Quizás me estoy repitiendo, pero es algo que iba analizando en el bus de vuelta a mi casa. Otra cosa que fui recordando eran tus curvas, me encantaba pellizcarte la barriga, es algo que me pone, jeje, cada uno tiene sus vicios raros. Notar tu aliento cerca mía con esos besos tan entrenados se podían saborear incluso horas después.

Ya en mi casa fui a ducharme aún pensando en el "affaire", una ducha relajada después de dos días de fiesta, poco dormir y hartarnos de andar. En ese momento no sé si fue la sensación de soledad, el momento que disfrutaba de intimidad, pero algo me llamaba entre las piernas. Volví a recordar con más detenimiento tu mirada felina con esos ojos, cada curva de tu cuerpo, y cómo tus manos se perdían por el mío. Me senté plácidamente y cada recuerdo cobraba más fuerza a medida que mi mano subía y bajaba fantaseando contigo, sin depravación alguna, casi estaba reviviéndolo. Quizás la invitación frustrada a dormir contigo hizo que fuese posible ese momento de soledad, demasiados pensamientos aquella noche como para que mi entrepierna pasara inadvertida. Decía Grant Morrison, un dibujante de comics, que "Si vas a hacer algo relacionado con el sexo, debería ser cuanto menos genuinamente perverso", pero fue todo lo contrario, un gesto de satisfacción salpicada de picardía, con la inocencia de que no era ni mucho menos premeditado. Una vez que el ritmo subió, llegó ese instante en el que un leve gemido va acompañado de un desahogo sexual, acumulado por las circunstancias que todos conocemos. Respiré hondo, cerré los ojos y no me enteré ni de la ducha. Un aseo completo y listo para meterme en la cama, de nuevo solo, ya aliviado y satisfecho a la cama.

Mi broche particular a día y medio algo singular.

Besos para tod@s, Nani.